Cuando te toca vivir una situación traumática en la vida, hay un montón de cosas que cambian de lugar. Personas que pasan a otra vida. Palabras que adquieren otro significado. Sentidos nuevos. Escenarios con otro guión.

Con la muerte de mi hermana mayor, una palabra desapareció de mi vocabulario: futuro. Futuro de qué, para qué, con qué sentido. Quién y qué me garantiza un futuro. Qué puedo hacer en aquello que no existe.

El futuro es el recurso para aplazar las decisiones que deberías ejecutar hoy. El lugar al que acudes para no hacer. El lugar donde construyes una realidad que no existe. Es un constructo mental del que no hemos hecho un buen uso. Un recurso que hemos desperdiciado por no entender que diseñar un futuro, en verdad significa ejecutar para el pasado.

Y es que el futuro que diseñamos será una realidad que no viviremos jamás. Porque lo único que puedes diseñar es el tiempo y espacio en el que vives, osea, el aquí, el ahora, esta línea que lees. Y el ahora construye pilares para los que vienen detrás. El futuro es ese gesto de mirar por el retrovisor.

Al mirar por el retrovisor, tomamos decisiones conscientes. La decisión consciente significa incluir un principio de diseño básico: ¿Cuál será el legado de todo esto? ¿Cómo vivirá la siguiente generación las consecuencias de esta decisión? Hemos heredado las consecuencias de la irresponsabilidad de mirar al futuro creyendo que era una cosa que teníamos delante de nosotros.

 

No sé por qué nos sorprende que una chica de 17 años llore y se indigne y grite para que no volvamos a ser los hijos de puta irresponsables que fueron nuestros abuelos.

 

Una de las palancas que queremos usar para mirar por el retrovisor es la innovación. Y a veces la mal interpretamos… La innovación es un proceso conversacional, donde tomamos decisiones para mejorar la vida de la gente.  Si la calidad de la conversación es buena, es integradora, y tiene sentido, el resultado del proceso de innovación también lo tendrá. Innovar sólo es el arte de tomar buenas decisiones a través de la conversación.

Por eso, en el propio proceso de innovación, en el propio ir y venir de información, de reunión, de relación con los demás, es donde podemos incorporar el principio de diseño relacionado con el legado.  Relacionado con que al virar el eje, al movernos de dirección, nadie que venga detrás se verá afectado.

Aun así, me resulta bastante inocente creer que se puede diseñar un futuro que no se va a vivir. Ese futuro debería ser diseñado por quien va a vivirlo. Pero claro, aún tienen un tamaño medio de 1,40 y están aprendiendo a leer y escribir.

Quizá, mientras viajan a su futuro, podríamos ayudarles a pensar mejor. Quizá debamos enseñarles a tomar mejores decisiones para que su presente esté lleno de personas haciendo cosas con sentido. Quizá la innovación y el diseño del futuro sea eso, enseñar a los de atrás cómo tomar mejores decisiones.

Ahora bien, el debate educativo no está en los colegios, en las universidades o en las escuelas de negocios. El debate está en tu casa y en tu gesto diario. Cómo actúas, cómo eres y qué comportamiento de ti es observable, determinará el legado que dejarás al mundo.

Por tanto, si el futuro tiene como eje de acción la innovación, en verdad, el futuro es articular un presente con sentido a cualquier acción que realizamos hoy.

Que las generaciones del mañana no tengan que pagar por nuestros errores. Y sobre todo, mejorar el legado que queremos para un futuro que jamás viviremos.

 

3 comentarios en “Futuro presente. Innovación con sentido.

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