En el libro de “el cerebro y el lenguaje ” de Benjamín K. Bergen, se cuenta que a principios de los ´90 varios investigadores en Georgia, Berkeley y Parma, convergieron en una misa idea a la hora de entender cómo el pensamiento da significado al lenguaje, esto es, cómo sabemos lo que sabemos y cómo damos significado a lo que expresamos y percibimos a través de las palabras.

Su hipótesis dice (en una explicación muy básica) que para entender el lenguaje, es decir, para entender el significado de la frase “he comido” simulamos en la mente lo que sería experimentar las cosas que el lenguaje describe, en este caso, simulamos mentalmente y en primera persona, la acción de ingerir alimento. Una vez simulado, asignamos significado a la palabra o frase, y por tanto, la entendemos. Esta hipótesis se denomina la hipótesis de la simulación encarnada. Durante 3 capítulos de este libro Bergen explica los experimentos y los resultados que validan esta hipótesis, a cual más interesante.

No puedo dejar de pensar que esta hipótesis es una de las bases del trabajo realizado por R. Bandler y J. Grinder en el desarrollo del metamodelo del lenguaje, que sirve como pilar en los fundamentos de la Programación Neurolingüistica (PNL). Ellos desarrollaron un proceso de trabajo cuya validez no tenían demostración empírica, que servía para ejercer cambios en la realidad simulada en el cerebro cuando ésta se manifiesta contraria a los intereses del individuo, es decir, cuando nos enfrentamos a problemas tratados en entornos psicoterapeúticos. Y para ello, partían de la base de que el individuo, cuando le daba significado al mundo, primero lo simula a través de fenómenos mentales que suceden tanto en la parte consciente como en la parte inconsciente del cerebro.

Ahora, gracias al trabajo de L. Barsalou o del propio Bergen, estos procedimientos podrían comenzar a ser refutados por la comunidad científica. Y eso es una grandísima noticia para los que confíamos en estos procesos de la programación neurolingüistica.

Además, la conexión entre lo trabajado por Bandler y Grinder y lo que ahora descubro con Bergen, me dan muchas líneas de trabajo sobre las que seguir indagando y demostrar por qué algunas técnicas basadas en el metamodelo del lenguaje ayudan en la adquisición de conocimiento basado en la experiencia, sobre todo en edad adulta.

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